Porqué somos felices

El título de este artículo también podría haber sido “¿Por qué no somos felices?” sin alterar lo más mínimo su intencionalidad. ¿Existe una clave que marca la diferencia entre ser o no ser feliz? La búsqueda de la felicidad es una necesidad innata del ser humano, aunque no todos estamos dotados con las mismas capacidades ni condiciones para lograr alcanzarla ni menos aún mantenerla. Tampoco nuestras circunstancias individuales y sociales nos sitúan a todos en un mismo punto de partida, y a ello habrá que sumarle los obstáculos que encontraremos en el camino; obstáculos que no siempre sabemos sortear.

Esa búsqueda de la felicidad se ha constituido como la verdadera piedra filosofal de nuestra existencia. Hagamos lo que hagamos siempre subyace el deseo de ser feliz. Bien es cierto que si tenemos en cuenta algunos comportamientos humanos, parecería que esta afirmación en muchos casos está fuera de lugar. Hay que tener en cuenta que los obstáculos de los que hablaba no siempre nos los encontramos; en muchas ocasiones somos nosotros mismos quienes los ponemos. La tendencia a boicotearnos, por extraña que a le parezca a más de uno, es una realidad relativamente frecuente. Sobre todo, lo es en el campo en el que me he movido estos últimos años y que suelo utilizar siempre como ejemplo ilustrativo: los abusos sexuales a menores. Entre quienes fuimos víctimas de esa lacra, y ahora sobrevivientes, el boicot es casi una constante contra la que debemos luchar con denuedo.

En más de una ocasión, moviéndonos en el terreno de las hipótesis, me han preguntado sobre lo que hubiera ocurrido en el caso de no haber padecido los abusos sexuales de los que fui objeto en mi infancia. Al principio no tenía demasiado claro qué responder. Uno tiende a imaginarse que nos jodieron bien y que la vida hubiera sido muy distinta de no haber sido abusados, y sin duda para mejor. Hoy en día no tengo nada claro que esto sea así. En lo que hoy creo es que ahora soy es el resultado del conjunto de todas mis experiencias vividas, tanto las buenas como las malas, y no siento la necesidad de modificar nada, algo que por otra parte es imposible. Tampoco quisiera ser malinterpretado; no pretendo insinuar ni por asomo que cuantas más desgracias nos aflijan mejor será para nuestro futuro carácter. En absoluto. Baste decir que hace ya algún tiempo les propuse a las personas que conozco a través de mi web, y que participan en un foro especializado en abusos sexuales, que participaran en una serie de encuestas que abrí para tener una conciencia más exacta de las distintas afectaciones de los abusos en la vida adulta de las personas. En el ejemplo que quiero exponer se preguntó sobre la incidencia del suicidio, y los resultados obtenidos reflejaron que cerca de un 60% de personas lo intentaron una o varias veces, tanto en la infancia como en la edad adulta, por lo tanto creo que es evidente que ninguna teoría que magnifique el sufrimiento merece la menor consideración por mi parte. Pero eso no quita que el mundo en que vivimos sea como es, con todo lo bueno y con todo lo malo, y es a partir de ahí que se va forjando el individuo que somos y desde donde vamos construyendo el futuro.

A día de hoy, tras un largo y tortuoso camino, podría decir que me considero feliz. ¿Qué hay en mi vida de nuevo que me lleve a hacer semejante aseveración? Tal vez sea algo complejo hacer una descripción precisa, pero lo que sí sé es lo que había antes: toda una serie de secuelas que arrastraba desde mi infancia, donde la educación recibida tenía sus carencias y sobre todo, como es obvio, donde existieron los abusos antes mencionados. Sin enfrentar ese nudo gordiano de mi existencia la felicidad estaba fuera de mi alcance; sólo podía aspirar a sobrevivir entre las fluctuaciones de una triste mediocridad y esperar que las cosas no fueran peor de lo que ya eran. Sin embargo el destino es el que es y mi vida, cuando ya no esperaba nada por ella, dio un giro de 180 grados. Observándolo retrospectivamente ahora veo con una claridad absoluta que no tenía posibilidad alguna. Era necesario que se produjera una hecatombe que promoviera algún cambio interior, y también era imprescindible que hubiera alguien a mi lado. Tuve la suerte que ambas cosas coincidiera.

Si la felicidad es algo, tiene que ser la consciencia de uno mismo, la coherencia entre pensamientos y acciones, la valentía por defender aquellas cosas, pequeñas y grandes, en las que uno cree, la ayuda desinteresada, el entusiasmo, la fe en uno mismo, el valor que nos otorgamos y que nos permiten vencer obstáculos antaño imposibles. La felicidad está dentro; no fuera. Cada vez me parece más evidente que la felicidad tiene muy poco que ver con las cosas materiales con que la asociamos tan a menudo, en buena parte inducidos por la sociedad en la que vivimos; una sociedad obsesionada por inculcarnos estos principios tan vacíos, erróneos y absurdos que no hacen sino que alejarnos cada vez más de nuestra esencia. Por fortuna los sentimientos y las sensaciones no tienen precio y nunca debemos permitir que nadie mercadee con ellos.

Autor: Yohannan

Fuente: Artículo

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