El Miedo al Miedo

El miedo es tan paralizante que no quisiéramos experimentarlo. Aparece cuando estamos expuestos a alguna amenaza. O más exactamente, cuando creemos que algo constituye un peligro para nosotros.

Se trata de una de las experiencias emocionales más desagradables. No deja que las personas piensen con claridad. A veces se manifiesta como un fuerte deseo de escapar. Sin embargo, se es incapaz de encontrar una salida.

No es infrecuente que sepas exactamente lo que debes hacer en un momento determinado. De hecho quieres hacerlo porque sabes que debes. Pero el miedo y nada más que el miedo a las consecuencias te detiene. Es indudablemente un gran obstáculo para alcanzar las metas que te propones.

Pero uno de los peores miedos es el que le da título a este comentario: el miedo al miedo. Es tan negativo, o al menos así lo vemos; que entramos en pánico con su presencia. De solo pensar lo que pudiera pasar si nos pusiéramos nerviosos en determinadas circunstancias, nos llenamos de temor.

Puede ocurrir cuando tenemos que hablar en público. También cuando vamos a enfrentarnos a nuestro jefe. No menos pasa cuando vamos a conquistar a una chica o cuando nos encontraremos con la persona amada. ¿Qué pasará si en ese momento sentimos miedo? Nada bueno será, pensamos.

De ahí nace el miedo al miedo. Nace de la repercusión que creemos tendrá experimentarlo en momentos claves. Nos sentimos indefensos ante él porque nunca hemos tenido demasiado éxito en controlarlo. Fuera de todo eso que hemos escuchado para controlar esa emoción, sencillamente no lo logramos. El miedo se impone en contra de nuestra voluntad. Se impone a pesar de que estamos muy lejos de desearlo y de estar dispuestos a soportarlo.

Pero he ahí la razón, el porqué le tenemos tanto miedo. No estamos dispuestos a afrontarlo. Pasamos más tiempo en intentar evitarlo que energías en enfrentarlo. Luchamos y luchamos pero nada hacemos para aceptarlo como una realidad.

El miedo fue, es y será una de las emociones que nosotros los humanos somos capaces de sentir. Basta de querer cambiar eso, es imposible. Afrontemos el reto de vivir siendo capaces de experimentar el miedo. Sí, sentimos miedo y qué.

No huyamos del miedo porque hacia donde único correremos será hacia sus brazos. En vez de eso mirémoslo a los ojos, frente a frente. Veamos qué pasa entonces, soportémoslo un poco y sabremos a dónde puede llegar. Nos daremos cuenta enseguida que el mundo no se acaba porque hayamos sentido miedo.

De no hacerlo siempre sentiremos más temor. Sentiremos el miedo a hablar en público, el miedo a quedar en ridículo, el miedo a ser rechazado, el miedo a cualquier cosa más el miedo al propio miedo. Y eso ya es demasiado porque del miedo nadie puede escapar. Así que siempre será mejor aceptar el reto de sufrirlo una vez y no dos. Porque sentir miedo del miedo ya es el colmo.

Autor: Alejandro Capdevila

Fuente: Artículo

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