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Leyes de prosperidad – Las 10 reglas de oro para prosperar y tener éxito en sus negocios

Descubra diez reglas básicas que han prevalecido en el tiempo y que siempre llevarán al éxito en cualquier negocio si son aplicadas correctamente. 1.- Gasta menos de lo que ganas: Es un hecho: Independiente de lo que uno gana, los gastos normalmente tienden a exceder lo que ingresa. Es nuestra naturaleza humana que quiere saciar sus diversos apetitos y no sabe distinguir entre lo que es necesario y lo que es un lujo. 2.- Sea fiel a su vocación: Todos tenemos un propósito aquí en la tierra y las habilidades y talentos para llevarlo a cabo. Es difícil que una persona pueda tener éxito si no desarrolla los talentos innatos que tiene. La mayoría de las personas encuentran su vocación tarde o temprano, pero muchos otros terminan dedicándose a un área que no les corresponde. 3.- Ubíquese en el lugar correcto y en el tiempo correcto Haga un estudio de la oferta y la demanda de su servicio o producto. No tiene sentido ofrecer lo mismo que ofrecen miles de otras personas al mismo tiempo y en el mismo lugar. 4.- Evite la deuda como si fuera la plaga. El dinero es como el fuego. Es un buen siervo, pero un terrible amo. Cuando el dinero tiene autoridad sobre su vida en forma de una deuda, lo convierte en un esclavo. Sin embargo, si descubre como hacer que el dinero trabaje por Ud, va a tener un siervo fiel que trabajará por Ud día y noche, sin parar. 5.- Sea perseverante. Muchas personas dejan de luchar en los momentos difíciles y nunca cosechan los frutos de sus esfuerzos por no perseverar. 6.- Cualquier cosa que haga, hágalo con excelencia Una persona sabia dijo una vez: “Las cosa se hacen bien o no se hacen.”La ambición, la energía y la diligencia son requisitos claves para lograr el éxito. 7.- Esté siempre al tanto de lo que pasa en su negocio Los ojos del empleador son más valiosos que una docena de manos de los empleados. Los mejores empleados pueden ignorar puntos importantes que no se le hubiesen escapado al propietario del negocio. 8.- Use las mejores herramientas y cuide a sus empleados 9.- No tenga miedo de empezar de abajo. Muchas personas de éxito le van a decir que los primeros 1000 dólares que ganaron fueron mucho más difíciles que el resto de toda su fortuna. Es porque se adquiere mucha experiencia al aprender como generar el dinero. En cambio, una persona que hereda el dinero o se endeuda, se salta esta etapa importante y fracasa en sus negocios. No desprecie los pequeños comienzos. 10.- Sea un estudiante independiente de por vida Todas las personas de éxito tienen una cosa en común: Se educan constantemente. Es un hábito de vida y una pasión que los ilumina con nuevas ideas y les ayuda a seguir incrementando lo que tienen.
Autor: Bettina Langerfeldt
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El Miedo al Miedo

El miedo es tan paralizante que no quisiéramos experimentarlo. Aparece cuando estamos expuestos a alguna amenaza. O más exactamente, cuando creemos que algo constituye un peligro para nosotros.

Se trata de una de las experiencias emocionales más desagradables. No deja que las personas piensen con claridad. A veces se manifiesta como un fuerte deseo de escapar. Sin embargo, se es incapaz de encontrar una salida.

No es infrecuente que sepas exactamente lo que debes hacer en un momento determinado. De hecho quieres hacerlo porque sabes que debes. Pero el miedo y nada más que el miedo a las consecuencias te detiene. Es indudablemente un gran obstáculo para alcanzar las metas que te propones.

Pero uno de los peores miedos es el que le da título a este comentario: el miedo al miedo. Es tan negativo, o al menos así lo vemos; que entramos en pánico con su presencia. De solo pensar lo que pudiera pasar si nos pusiéramos nerviosos en determinadas circunstancias, nos llenamos de temor.

Puede ocurrir cuando tenemos que hablar en público. También cuando vamos a enfrentarnos a nuestro jefe. No menos pasa cuando vamos a conquistar a una chica o cuando nos encontraremos con la persona amada. ¿Qué pasará si en ese momento sentimos miedo? Nada bueno será, pensamos.

De ahí nace el miedo al miedo. Nace de la repercusión que creemos tendrá experimentarlo en momentos claves. Nos sentimos indefensos ante él porque nunca hemos tenido demasiado éxito en controlarlo. Fuera de todo eso que hemos escuchado para controlar esa emoción, sencillamente no lo logramos. El miedo se impone en contra de nuestra voluntad. Se impone a pesar de que estamos muy lejos de desearlo y de estar dispuestos a soportarlo.

Pero he ahí la razón, el porqué le tenemos tanto miedo. No estamos dispuestos a afrontarlo. Pasamos más tiempo en intentar evitarlo que energías en enfrentarlo. Luchamos y luchamos pero nada hacemos para aceptarlo como una realidad.

El miedo fue, es y será una de las emociones que nosotros los humanos somos capaces de sentir. Basta de querer cambiar eso, es imposible. Afrontemos el reto de vivir siendo capaces de experimentar el miedo. Sí, sentimos miedo y qué.

No huyamos del miedo porque hacia donde único correremos será hacia sus brazos. En vez de eso mirémoslo a los ojos, frente a frente. Veamos qué pasa entonces, soportémoslo un poco y sabremos a dónde puede llegar. Nos daremos cuenta enseguida que el mundo no se acaba porque hayamos sentido miedo.

De no hacerlo siempre sentiremos más temor. Sentiremos el miedo a hablar en público, el miedo a quedar en ridículo, el miedo a ser rechazado, el miedo a cualquier cosa más el miedo al propio miedo. Y eso ya es demasiado porque del miedo nadie puede escapar. Así que siempre será mejor aceptar el reto de sufrirlo una vez y no dos. Porque sentir miedo del miedo ya es el colmo.

Autor: Alejandro Capdevila

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Porqué somos felices

El título de este artículo también podría haber sido “¿Por qué no somos felices?” sin alterar lo más mínimo su intencionalidad. ¿Existe una clave que marca la diferencia entre ser o no ser feliz? La búsqueda de la felicidad es una necesidad innata del ser humano, aunque no todos estamos dotados con las mismas capacidades ni condiciones para lograr alcanzarla ni menos aún mantenerla. Tampoco nuestras circunstancias individuales y sociales nos sitúan a todos en un mismo punto de partida, y a ello habrá que sumarle los obstáculos que encontraremos en el camino; obstáculos que no siempre sabemos sortear.

Esa búsqueda de la felicidad se ha constituido como la verdadera piedra filosofal de nuestra existencia. Hagamos lo que hagamos siempre subyace el deseo de ser feliz. Bien es cierto que si tenemos en cuenta algunos comportamientos humanos, parecería que esta afirmación en muchos casos está fuera de lugar. Hay que tener en cuenta que los obstáculos de los que hablaba no siempre nos los encontramos; en muchas ocasiones somos nosotros mismos quienes los ponemos. La tendencia a boicotearnos, por extraña que a le parezca a más de uno, es una realidad relativamente frecuente. Sobre todo, lo es en el campo en el que me he movido estos últimos años y que suelo utilizar siempre como ejemplo ilustrativo: los abusos sexuales a menores. Entre quienes fuimos víctimas de esa lacra, y ahora sobrevivientes, el boicot es casi una constante contra la que debemos luchar con denuedo.

En más de una ocasión, moviéndonos en el terreno de las hipótesis, me han preguntado sobre lo que hubiera ocurrido en el caso de no haber padecido los abusos sexuales de los que fui objeto en mi infancia. Al principio no tenía demasiado claro qué responder. Uno tiende a imaginarse que nos jodieron bien y que la vida hubiera sido muy distinta de no haber sido abusados, y sin duda para mejor. Hoy en día no tengo nada claro que esto sea así. En lo que hoy creo es que ahora soy es el resultado del conjunto de todas mis experiencias vividas, tanto las buenas como las malas, y no siento la necesidad de modificar nada, algo que por otra parte es imposible. Tampoco quisiera ser malinterpretado; no pretendo insinuar ni por asomo que cuantas más desgracias nos aflijan mejor será para nuestro futuro carácter. En absoluto. Baste decir que hace ya algún tiempo les propuse a las personas que conozco a través de mi web, y que participan en un foro especializado en abusos sexuales, que participaran en una serie de encuestas que abrí para tener una conciencia más exacta de las distintas afectaciones de los abusos en la vida adulta de las personas. En el ejemplo que quiero exponer se preguntó sobre la incidencia del suicidio, y los resultados obtenidos reflejaron que cerca de un 60% de personas lo intentaron una o varias veces, tanto en la infancia como en la edad adulta, por lo tanto creo que es evidente que ninguna teoría que magnifique el sufrimiento merece la menor consideración por mi parte. Pero eso no quita que el mundo en que vivimos sea como es, con todo lo bueno y con todo lo malo, y es a partir de ahí que se va forjando el individuo que somos y desde donde vamos construyendo el futuro.

A día de hoy, tras un largo y tortuoso camino, podría decir que me considero feliz. ¿Qué hay en mi vida de nuevo que me lleve a hacer semejante aseveración? Tal vez sea algo complejo hacer una descripción precisa, pero lo que sí sé es lo que había antes: toda una serie de secuelas que arrastraba desde mi infancia, donde la educación recibida tenía sus carencias y sobre todo, como es obvio, donde existieron los abusos antes mencionados. Sin enfrentar ese nudo gordiano de mi existencia la felicidad estaba fuera de mi alcance; sólo podía aspirar a sobrevivir entre las fluctuaciones de una triste mediocridad y esperar que las cosas no fueran peor de lo que ya eran. Sin embargo el destino es el que es y mi vida, cuando ya no esperaba nada por ella, dio un giro de 180 grados. Observándolo retrospectivamente ahora veo con una claridad absoluta que no tenía posibilidad alguna. Era necesario que se produjera una hecatombe que promoviera algún cambio interior, y también era imprescindible que hubiera alguien a mi lado. Tuve la suerte que ambas cosas coincidiera.

Si la felicidad es algo, tiene que ser la consciencia de uno mismo, la coherencia entre pensamientos y acciones, la valentía por defender aquellas cosas, pequeñas y grandes, en las que uno cree, la ayuda desinteresada, el entusiasmo, la fe en uno mismo, el valor que nos otorgamos y que nos permiten vencer obstáculos antaño imposibles. La felicidad está dentro; no fuera. Cada vez me parece más evidente que la felicidad tiene muy poco que ver con las cosas materiales con que la asociamos tan a menudo, en buena parte inducidos por la sociedad en la que vivimos; una sociedad obsesionada por inculcarnos estos principios tan vacíos, erróneos y absurdos que no hacen sino que alejarnos cada vez más de nuestra esencia. Por fortuna los sentimientos y las sensaciones no tienen precio y nunca debemos permitir que nadie mercadee con ellos.

Autor: Yohannan

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Enfrentar las preocupaciones

Frecuentemente se habla de enfrentamiento de las preocupaciones. Y se olvida que normalmente están relacionadas con hechos reales de nuestras vidas. Siempre están atadas de alguna manera con algún asunto, con alguna cosa que debemos cambiar.

Es absolutamente imposible tener una existencia libre de preocupaciones. Ya que no pueden eliminarse de una vez y por todas, los factores que eventualmente pueden constituir una amenaza para nosotros. Hay muchas cosas que nos importan aunque pocas veces somos conscientes de ello. Y es improbable que todo el tiempo estén a salvo sin la sombra de ningún riesgo.

Si eres como la mayoría de la gente, te importa tu salud. También te gustaría que tu familia esté siempre a salvo. No quieres perder tu trabajo ni tu posición, tampoco tus bienes económicos. Te gustaría dar siempre una buena impresión en los demás. Y tener una carrera brillante, etc.

Cada deseo o aspiración que tengas puede ser el punto de partida de una preocupación. Por cada cosa que tienes o deseas tener está el temor de perderla o no alcanzarla. Nada bueno está totalmente asegurado para siempre. Así que es impracticable una vida sin sombras de preocupaciones.

Siendo así, es bueno aprender a enfrentar las preocupaciones. Pero más que eso, es buena idea que aprendamos a sacar partido de ellas. Y lo primero es saber que las preocupaciones siempre están por alguna buena razón. Es nuestro trabajo averiguarla.

Esa razón puede ser la existencia de alguna amenaza a nuestros intereses. Es decir, hemos advertido que hay algo inconveniente que no estamos seguros de poder combatir. Si ese es el caso, estamos asistiendo a una gran oportunidad. Esta circunstancia nos va a permitir conocer una de las cosas que puede hacernos sentir inseguridad.

Podremos determinarla bien y asegurarnos de que no es imaginaria. Por primera vez podremos comenzar a dedicar tiempo a comprenderla. Trataremos de verla desde distintos ángulos, reflexionaremos sobre ella y nos informaremos bien, algo que tal vez nunca hayamos.

La preocupación nos sirve para darnos cuenta de que estamos carentes de un plan. Sí, porque si algo nos inquieta es porque no tenemos un plan convincente para actuar en su contra. Aprovechemos ahora para elaborar uno lo más efectivo posible para afrontar la amenaza. O mejor aun, preparemos varios planes de emergencia por si fracasa el principal.

La existencia de la preocupación también te está dando una posibilidad adicional que puedes usar. Al aparecer antes de los posibles problemas sobre los cuales te advierte, te está dando tiempo. Y eso quiere decir que te está ofreciendo la oportunidad de contar con un mayor número de opciones para evitar la amenaza que se aproxima. Úsalas para impedir a tiempo que los problemas que te preocupan tengan ocasión de materializarse.

Las preocupaciones son portadores de un gran caudal de energía. Y lamentablemente lo habitual es que lo dejemos perder. Cuando no sabemos usar toda esa energía que se desprende de la inquietud, ésta se revierte contra nosotros mismos. Pero en vez de eso, podemos usar toda esa ansiedad como impulso para actuar. Usa el temor para fortalecerte, para compensar tus debilidades, para estudiar y armarte de nuevos recursos.

Finalmente, existe un tipo de preocupación que se nos presenta ante problemas que no podemos solucionar. Es decir, ante eventos que tendremos que enfrentar de todos modos, por difíciles que sean.

Ese tipo de inquietudes también es muy útil. Nos ayuda a forjar nuestro carácter y a volvernos aptos para soportar las ineludibles adversidades de la vida. Tarde o temprano tendremos que enfrentar circunstancias así. Es muy aconsejable que utilicemos los problemas sin solución como una especie de entrenamiento. Así que en esos casos lo mejor es ponernos fuertes, respirar profundo y estar dispuestos a enfrentar con coraje cualquier cosa.

Autor: Alejandro Capdevila
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La Autoestima no se determina por el Éxito

La necesidad de sentirse estimado es común de muchas personas. Pero más importante todavía es el deseo de apreciarse a sí mismo. Y eso muchos lo ven asociado al concepto que se tiene de la propia persona. El cual tiene mucho que ver con la autoestima. Al menos así lo creen algunos.

Una buena parte de las luchas humanas ha sido y es para mejorar la autoestima. No pocos persiguen determinadas metas para sentirse más cómodos consigo mismos. Desean sentirse más confiados. E igualmente tienen grandes deseos de éxitos en las cosas que se plantean.

Pero esos éxitos no son buscados solo como satisfacción final de un plan. No son simplemente el final feliz de algún propósito planteado. También son esfuerzos por reconstruir autoestimas dañadas.

Porque existe la creencia de que alcanzar éxitos aumenta la autoestima. Y puede ser que eventualmente ocurra. Pero no es lo que se ve cotidianamente. Alcanzar resultados alentadores en los proyectos personales no es una condición directamente relacionada con la autoestima.

Pueden verse infinidad de personas con grandes logros. Y a la vez éstas pueden ser muy inseguras de sí mismas, incluso tímidas. Porque más que con los éxitos, la autoestima tiene que ver más con la conquista de valores.

Cuando alguien tiene las cosas que verdaderamente considera valiosas pues se vuelve alguien muy confiado. No importa mucho qué cosa sea pero no necesariamente son éxitos.

Por ejemplo, supongamos que una persona le da mucho valor a cosas banales, digamos a las modas. Y otra que aprecia mucho la estatura física. No importa qué creamos de eso pero si ellos no alcanzan tales valores no llegarán a valorarse a sí mismos.

En cambio, si el que tiene en muy alto valor el ser alto lo es, entonces probablemente tendrá buena autoestima. Y no importará para nada si se pasa la vida de fracaso en fracaso. Es así como funciona.

Pero la autoestima también tiene que ver con el estado de ánimo. Cuando una persona está alegre siempre se valora más a sí misma, se siente más confiada. Al contrario cuando está triste, se vuelve más bien tímida.

Lucha por tus éxitos. Pero no te olvides de mantenerte optimista y de buen ánimo. Y sobre todo, de garantizar tener aquellas cosas en las que crees. Por tener las cosas espirituales a las que les das más alto valor. Esa es la única manera de mejorar tu autoestima.

Autor: Alejandro Capdevila
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El dinero y la Felicidad

No puede negarse la necesidad del dinero en la época actual. Habría que estar soñando para hacerlo. El bienestar económico siempre ha sido y será siempre imprescindible. Pero la contribución del dinero a la felicidad sigue siendo bastante controvertida.

Por un lado, el dinero sí puede contribuir a la felicidad. Tiene poder para resolver muchas de las necesidades humanas. No solamente tiene alcance material. Los servicios y productos pagados tienen un valor espiritual en alguna medida. Pero dije que puede contribuir a la felicidad. No dije que necesariamente lo hace.

Así vemos que el dinero no ayuda a tener mejores amigos. Tampoco nos ayuda a encontrar al verdadero amor. Porque suele ser todo lo contrario. El tener más recursos económicos atrae a ciertos tipos de personas. Ellas no suelen ser muy fieles ni confiables.

El dinero es una fuente de recursos. Sin embargo, son recursos externos y por lo tanto volátiles. Una persona no debe cifrar todo su valor en lo externo. Porque siempre tiene el riesgo de perderlo quedando totalmente desvalida. Nadie puede sentirse seguro si solo cuenta con dinero. Porque es algo que se tiene hoy y mañana puede faltar. No es una fuente de confianza como lo son las virtudes personales.

El dinero tiende a crear más y más necesidades. Eso hace que las personas pudientes hallen difícil encontrar bienestar en otras condiciones. Un hombre pobre es feliz con muy poco. Sin embargo, una persona rica necesita de mucho. Para él alcanzar la felicidad es algo complicado y caro. Tiene que poseer muchas cosas a las que ya su mente está habituada. Caer en la situación de una persona pobre lo sumiría en una situación casi insoportable. Mientras que esa situación la soportan equilibradamente las personas de escasos recursos.

El dinero da poder. Y se ha observado una tendencia a la degeneración personal en las personas con mucho poder. De ahí la afirmación común de que el poder corrompe. Y es más difícil que una persona corrupta pueda ser verdaderamente feliz.

Otra consecuencia del aumento desmesurado de poder es la ansiedad. Una persona que no haya límites en lo que puede conseguir se vuelve inestable. No sabe qué hacer, comienza a desear cosas absurdas. Adquiere bienes y servicios por puro capricho tratando de calmar una inconformidad interior que no encuentra solución. Llega al punto de experimentar un fuerte vacío espiritual difícil de controlar.

Hay también repercusiones indeseables en cuanto a su desarrollo personal. Muchas veces se ha visto en la historia quiénes han sido los hombres más prominentes. Ellos por lo general comenzaron sin nada. Construyeron sus vidas con sus propias manos y a puro sudor. Y por eso desarrollaron capacidades extraordinarias. Pero no pasa igual con los que nacen teniéndolo todo. No sienten jamás la necesidad de luchar y su personalidad suele ser de bastante poco alcance.

También puede decirse sobre el nivel de salud mental de alguien con mucho dinero. El tener muchos recursos económicos da a la persona muchas cosas que perder. Y cuando eso sucede aparecen y se incrementan temores que antes no existían. Aparece el miedo a la pobreza y a perder privilegios o a no ser competitivo, etc.

De la misma manera aparecen ciertas obsesiones que socavan el bienestar mental. Se lucha por competir con otros que también tienen. Se pierde el sueño en el deseo irrefrenable de tener más y más. No se puede vivir tranquilo si no se cuenta con lo mejor. Y el tener todo de lujo y el auto último modelo se convierte en importante. A la par, y aunque parezca paradójico; se pierde la capacidad de valorar la mayoría de las cosas. Todo se desprecia y por eso disminuye también la posibilidad de sentirse conforme con lo que se tiene. Es decir, se aleja la posibilidad de ser feliz algún día.

Es totalmente justo y lógico aspirar a mejorar económicamente. Pero nunca lo hagas con la falsa ilusión de que el dinero te garantizará la felicidad.

 

Autor: Alejandro Capdevila

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Terapia para la depresion

Quien no se ha preguntado alguna vez porque unas personas son felices y otras no lo son. Por lo general ciertos aspectos externos a los que concedemos importancia no suelen ser muy determinantes en una hipotética escala de felicidad. Casi me atrevería a decir que quien es feliz, básicamente, es porque quiere serlo. La felicidad es una actitud, una predisposición, una forma optimista de ver la vida. En definitiva, es un sentimiento que surge del interior de cada persona, y de no ser así, por más que lo rodeemos de componentes materiales, la felicidad no aparecerá.

Un elemento esencial para estar bien con uno mismo, y por supuesto con los demás, es el sentido del humor. Ver la parte divertida que rodea cualquier circunstancia es una manera de desdramatizar situaciones que, de otro modo, podrían ser más penosas. Tan pronto como alguien es capaz de reírse de uno mismo y de los problemas que le acucian, comprobará que dichos problemas ejercen mucho menos poder sobre él. Y lo que es más importante; él ejercerá mucho más poder sobre los problemas, lo que a fin de cuentas es lo que nos interesa cuando nos enfrentamos a cualquier contingencia.

Se podría argüir que lo anteriormente dicho sólo son palabras y que es muy fácil hablar o escribir cuando a uno no le afectan los problemas. Pues sí; la verdad es que es más fácil, para qué decir lo contrario. Pero también es verdad que a todos nos afectan o han afectado diversos problemas. Sin ir más lejos yo sufrí en mi infancia y durante diez años abusos sexuales por parte de mi padre. Probablemente habrá gente que lo habrá pasado peor, no lo niego, pero cuanto menos me siento legitimado para escribir lo que escribo. Y también puedo decir que el humor es una de las cosas que más me ha ayudado. A veces incluso tengo que controlarme. Hace años puse en marcha un foro para las personas que pasaron por este hecho traumático en su niñez, razón por lo que estoy en permanente contacto con muchos de ellos. En ocasiones estoy a punto de soltar alguna ocurrencia sobre este asunto, pero casi siempre me reprimo porque, aunque sea entre “nosotros”, la sensibilidad sigue estando a flor de piel para la mayoría. Es perfectamente comprensible, lo cual no quita que siga pensando que el humor casi siempre es la mejor opción. Es algo así como la grasa que permite que funcione mucho mejor nuestro mecanismo existencial.

El otro día observé una caja de ropa que mi mujer había puesto sobre el armario. Ordenada como es ella le puso una etiqueta: “ropa para el invierno”. Y claro, donde los demás no ven nada yo veo una ocasión para hacer de las mías; así que no se me ocurrió otra cosa que escribir en un recorte de papel adhesivo la letra “f” y pegarla encima de la “v” de invierno. Aún me estoy riendo. Otras veces le digo que el gato no se mueve, y ella, con sorna, me dice que estoy acariciando el bolso.

Cuando cedemos a las limitaciones, que al fin y al cabo nos imponemos nosotros mismos, y creemos que muchas puertas no se nos abrirán, nos estamos cerrando los caminos hacia la felicidad, hacia nuestra autoestima, hacia lo que realmente queremos ser. Cuando nos enfrentamos con humor, haciendo lo que pensamos, lo que sentimos, sin que nos importe el resultado hasta el punto de determinar nuestro éxito, sin condicionarnos por opiniones externas, entonces estamos en sintonía con nosotros mismos. La felicidad no es más que tratar de ser lo que somos.

Autor: Yohannan

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